Coment No. 75, 15 de octubre de 2001
LOS DILEMAS DE UNA SUPERPOTENCIA
El presidente Bush y sus socios, como es obvio, han estado discutiendo intensamente cómo deben responder al desafío a la potencia y a la seguridad de Estados Unidos planteado por los ataques del 11 de septiembre. Parecen estar haciéndolo cuidadosamente, probablemente preocupados por las consecuencias negativas que podrían tener la mayoría de las eventuales reacciones del gobierno de los EE.UU.
El primer problema al que han tenido que hacer frente es la amplitud de la "coalición" que los EE.UU. deseaban poner en pie en su "guerra contra el terrorismo". La prensa internacional informa constantemente que hay dos visiones absolutamente diferentes dentro del gobierno estadounidense. La opción A consistiría en una amplia coalición con definición estricta de objetivos, y la opción B en una coalición restringida con amplia definición de objetivos. La prensa indica que Colin Powell es el portavoz más destacado de la opción A, y el vicesecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, el portavoz más destacado de la opción B. Por el momento parece ser que el presidente Bush, el vicepresidente Cheney y probablemente el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld se han puesto de parte de la opción A, y eso es lo que los EE.UU. en principio pretenden.
¿Qué implica la opción A? Implica conseguir que prácticamente todos los gobiernos del mundo asuman el objetivo de perseguir a bin Laden. Esto no parece por supuesto demasiado difícil, dado que éste y Al Qaeda no gozan precisamente del aprecio de casi ningún gobierno del mundo, si se exceptúan los talibán, que denuncian ante todo a Estados Unidos, por supuesto, y también evidentemente a Israel, pero asimismo a Rusia, China, Arabia Saudita, Pakistán, Egipto e Irán, y ni siquiera les gusta el régimen iraquí. No es de extrañar que prácticamente todos esos gobiernos les devuelvan el cumplido. El objetivo de "llevar a bin Laden ante la justicia" ha conseguido por tanto un pronto apoyo.
¿Pero cómo se lleva a bin Laden ante la justicia? La respuesta, al parecer, está en la presión sobre los talibán, quienes constituyen de facto, si no de iure, el gobierno de Afganistán. ¿Qué clase de presión? Bien, bombardeando. Un poco de bombardeo ha logrado al menos el apoyo tácito de la "coalición". ¿Pero y si hubiera que bombardear mucho? Habría que ver. ¿Y se extendería entonces el bombardeo para incluir a Iraq, como desean los proponentes de la opción B? Muy pocos gobiernos apoyarían eso.
Estados Unidos no ha descartado la opción B. Parece simplemente haber decidido intentar primero la opción A. El presidente Bush ha tenido la precaución de incluir ciertas frases en sus declaraciones que dejan la puerta levemente abierta a la opción B. También han dejado la puerta abierta de otro modo: La coalición puede que sea tan amplia como se quiera, pero la acción militar incluye solamente a dos países, Estados Unidos y Gran Bretaña.
Y no es por casualidad. Durante la guerra del Golfo, el presidente Bush padre pidió autorización a las Naciones Unidas, lo que tuvo como consecuencia que Estados Unidos tuviera que aclarar demasiadas cuestiones con demasiados aliados. Así pues, cuando llegó el turno de Kosovo, el presidente Clinton tuvo buen cuidado de dejar fuera a las Naciones Unidas y de pedir solamente la autorización de la OTAN. Resultó que incluso la OTAN ataba demasiado las manos militares de Estados Unidos para el gusto del gobierno estadounidense. Esta vez, cuando la OTAN ofreció su ayuda militar, los EE.UU. dijeron que no. Alemania parece estar particularmente irritada. Esa decisión, sin embargo, significa que si Estados Unidos decide virar a la opción B, sólo tendrá que discutirlo con Tony Blair (la prensa sugiere, sin embargo, que ni siquiera Blair estaría muy entusiasmado con la idea de extender la acción a Iraq).
¿De qué va entonces todo? Puesto que bin Laden ha desafiado abiertamente el poderío militar de Estados Unidos, éstos están decididos a reafirmarlo. No es tan sólo cuestión de proteger frente a eventuales ataques a los ciudadanos y residentes estadounidenses, sino de restablecer la creencia mundial de que Estados Unidos es una superpotencia invencible. ¿Es esto realmente posible?
El problema con la opción A es que los bombardeos aéreos de Afganistán no van a lograr demasiado. El próximo paso será probablemente el envío de fuerzas especiales. Bin Laden lo sabe, y de hecho lo desea. Parece convencido de que los afganos derrotaron a la Unión Soviética y hundieron su sistema. Por supuesto, los EE.UU. creen que fueron ellos los que derrotaron a la Unión Soviética, pero ésa no es la opinión de bin Laden, que espera que Estados Unidos corra la misma suerte que los soviéticos en Afganistán, acabando así con ellos como superpotencia. Parece una idea disparatada, pero también lo habría parecido hace sólo dos meses la idea de destruir las Torres Gemelas de Nueva York.
Bush, Rumsfeld y Blair han estado repitiendo, casi como una letanía, que la guerra será "larga" y eso parece significar al menos un año (¿o dos o tres?). Están "preparando" así a los EE.UU. y a la opinión pública mundial para la eventualidad de que no se alcance una victoria inmediata. El problema con una guerra "larga" es que su prolongación trabaja a favor de los objetivos de bin Laden, mostrando que la superpotencia tiene los pies de barro. Si la guerra es larga (y comienza a costar muchas vidas), sin triunfos militares claros, pueden ocurrir varias cosas. La "coalición" se podría fragmentar, y en particular, el apoyo que Estados Unidos ha conseguido de Pakistán y de Arabia Saudita podría venirse abajo. Tanto en Estados Unidos como en el mundo occidental y en el resto del mundo, comenzará a emerger un "movimiento pacifista".
Pero quizá lo peor de todo para la administración Bush es que ella misma comience a resquebrajarse. Los defensores de la opción B harán más críticas y más denuncias a los de la opción A. ¿Quién dimitirá entonces? En cualquier caso tal eventualidad no sería políticamente saludable para el presidente Bush. Si además hubiera uno o dos golpes de Estado en Oriente Medio, llevando al poder a gobiernos menos obsecuentes frente a Estados Unidos, eso sólo exacerbaría las cosas. Y si la violencia se extendiera a otros frentes (no sólo Israel/Palestina, sino por ejemplo Irlanda del Norte, Indonesia o quién sabe dónde), la idea de que bin Laden era el peor y más malvado "terrorista" del mundo comenzaría a palidecer.
Ese panorama es por supuesto muy pesimista desde el punto de vista del gobierno de Estados Unidos. Los defensores de la opción B dirán que no es en absoluto inevitable. Impulsarán no sólo la opción B sino quizá una versión reforzada, digamos el empleo de armas nucleares tácticas en uno u otro lugar. Tal escenario no es de ningún modo imposible. Pero su puesta en práctica conllevaría un aislamiento dramático de Estados Unidos en el terreno diplomático. Por otra parte, incluso si se mantiene la opción A pero Estados Unidos no consigue eliminar a Bin Laden, podría disminuir su capacidad de mantener el apoyo diplomático de otros países.
Los Estados Unidos se han puesto a sí mismos un listón muy alto. Se habían hecho la ilusión, tras el colapso de la Unión Soviética, de que eran una verdadera superpotencia, y que ninguna fuerza podría interponerse en su camino. Interpretaron mal sus muy limitadas victorias en la guerra del Golfo y en Kosovo, tomándolas como prueba de que era así. Puede que descubran ahora que no era realmente así. En tal caso, pueden tener que reacomodar de forma dramática su relación con el resto del mundo. Bin Laden pretende vengar los agravios cometidos durante tantos años contra el mundo islámico, y llegar a establecer un mundo distinto, en el que muy pocos de nosotros encontraríamos acomodo o consideraríamos habitable. No sería, en absoluto, un mundo mejor, ni siquiera para los musulmanes. Pero bin Laden es un hombre inteligente con firmes convicciones ideológicas, que está aprovechando las debilidades estructurales de la posición de Estados Unidos como potencia hegemónica en declive. Y no está nada claro que los gobiernos estadounidenses (ya sea el de Bush, o antes el de Clinton) hayan entendido las realidades geopolíticas tal como él y Al Qaeda lo han hecho. En la guerra y en la diplomacia no hay lugar para el autoengaño.
Immanuel Wallerstein (15 de octubre de 2001).
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